“El mundo en tus manos”, comunicado especial.

metáfora de un grito

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Hemos tenido dificultades técnicas y burocráticas que han retrasado la publicación del libro solidario “El mundo en tus manos”. Desde la redacción de Scripto os pedimos disculpas a todos los colaboradores y amigos por el retraso y las molestias ocasionadas.

La web de Scripto y el correo no están disponibles todavía. En breve esperamos disponer de estos canales de comunicación con todos vosotros. Mientras, iremos informando de las novedades a través de los blogs de los diversos miembros de la redacción.

Ahora el libro es una realidad gracias al esfuerzo de todos los que habéis colaborado, a CJ-Editorial y a todos los que habéis dedicado tantas horas de trabajo en Scripto.

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El pacto

Pues sí, efectivamente. Tienes razón. Reconozco que me jode dártela, pero esta vez sí que sí. No cabe la menor duda de que estás en lo cierto, y sólo me queda felicitarte. Como bien sabes, no es fácil convencerme. Soy un hombre de fuertes convicciones y muy vehemente con mis dictados, sobre todo cuando sé que tengo la razón. Pero esta vez me retracto. Has conseguido que cambie de opinión no sin dificultades y explicando bien tus argumentos. Es por ello por lo que te reitero mi enhorabuena. Pero he de reconocer que no estaba equivocado contigo. Siempre he pensado que eras un estirado. Un snob sin escrúpulos que no tiene donde caerse muerto y que sólo busca medrar para llegar a ser alguien en la vida. Algo a lo que, por tu nacimiento humilde, y por pertenecer a una clase social no baja, sino ínfima y olvidada de la mano de Dios en este mundo en el que vivimos, no te correspondía. Pero te has rebelado ante tu descorazonador futuro. Y eso te honra. No me caes bien. No me gusta tu forma de vestir. Ni mucho menos con quién te mueves y lo que buscas. Lo sé todo. Pero reconozco tu valía, también tu valentía y tenacidad en busca de unos objetivos que, ahora sí que lo veo claro, tienen un sentido. Una misión que no comparto, pero que entiendo. Y no seré yo quién te impida lograrlos. Sólo quiero que, a partir de ahora, desparezcas de mi vida, y que dejes en paz a mi hija. No la mereces. Es mucha mujer para un hombre tan ruin como tú. Y no quiero que desperdicie su vida al lado de una persona tan miserable y con tan dudosas acciones. Insisto en que tienes todo el derecho del mundo en actuar como lo estás haciendo. No juzgo eso. Pero no quiero que nos arrastres a mi hija y a mi en tus locuras. Olvídala. Invéntate lo que quieras y déjala. Ella te echará de menos, llorará varios días, puede que meses, y seguramente te odie de por vida. Ya me encargaré yo de consolarla y de encontrarla un marido acorde a sus virtudes y con un modo de vida y de actuar más honrado. Y como no quiero verte más, te ofrezco este sobre con una cantidad importante de dinero para que te esfumes. Sí, sé lo que estás pensando. Que te estoy tratando de comprar para que te marches. Es cierto. Sé que te gusta mucho el dinero y que es lo que te hace mover en este mundo. Por eso sé que aceptarás el sobre, que lo abrirás en cuanto salgas de esta habitación, y que sonreirás. Sé también que te irás lejos y desaparecerás de nuestras vidas. E incluso sé que no te despedirás de ella. Porque eres un cobarde y no tienes los huevos suficientes para hacerle frente y decirle la verdad. Pero también sé que cuando pase un tiempo y gastes lo que hay en el interior de ese sobre, que a buen seguro desperdiciarás en el juego, malos negocios y mujeres, querrás volver y tratarás de chantajearme. Pero te advierto que estaré esperándote y no precisamente con otro sobre.

Estás advertido. Conoces mi reputación y sabes de sobra que no miento en estas cosas. Por eso te estrecho mi mano como un caballero y sabré si me la aceptas que estás conforme con todo lo que te estoy contando. Nada de papeles ni rúbricas. La palabra de un hombre es la que vale. Y si estrechas mi mano en este momento sabré que, a pesar de todos tus defectos, eres un caballero. Y eso para mi lo es todo en esta vida. Soy viejo, lo sé. Los años no pasan en balde. Y poco o nada me queda por hacer en esta vida salvo cuidar y velar por la seguridad y el bienestar de mi hija. Ella no tiene por qué saber nada de todo cuanto está ocurriendo en estas cuatro paredes.

Aquí tienes el sobre en mi mano izquierda, también llamada siniestra. Cógelo y huye, que es lo mejor que sabes hacer. También te ofrezco mi mano diestra, que espero que agarres con fuerza y aprietes si es preciso o así lo ves oportuno. Sólo así, veré entonces que has decidido tomar la mejor opción para todos. Pero sobre todo para ti, que a fin de cuentas es lo que siempre ta ha importado y, desde ahora, debería de importarte.

A 24 horas vista

Tic tac

A 24 horas vista

de que mi vida dé un vuelco

escribo cigarro en mano

tenso y nervioso

pero esperanzado

Largo ha sido el trayecto hasta aquí

también hermoso y aventurero

pero ya solo queda un día

apenas unas horas

eternos minutos y segundos

para que otra energía

se apodere de mi cuerpo

Siento vértigo

miedo y felicidad se entremezclan

en un cóctel ya batido

a punto de explosionar

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El nombre

¿Que vas a ser padre? No me digas, enhorabuena. Muchas felicidades. ¿Y qué va a ser? ¡Una niña! ¡qué bien! Bueno, si hubiese sido un niño, bien también ¿no? ¿Y cómo se va a llamar? ¿Habéis decido ya el nombre? Que digo yo, que le pondréis uno normal, de los de toda la vida, no como esos que hay ahora tan modernos que no se sabe ni lo que significan. Porque hay algunos que, válgame Dios. Pobrecillos cuando vayan creciendo y se den cuenta. Si es que luego se ríen de ellos en el colegio, que los niños son muy malos. ¿Y cual va a ser su primer apellido, el tuyo o el de la madre? Ya sabéis que ahora se puede cambiar el orden sin que se altere el producto. ¿Y para cuándo sale de cuentas? ¿En octubre? Ah, bueno, estupendo, a la vez que la vendimia, jajaja. Vendrá con un buen vino bajo el brazo.  Tendrá buena barriga ya. Lo peor, el calor del verano, ¿Cómo lo lleva tu mujer? ¿Estará achicharrada? Menudo junio y julio hemos pasado. Imposible dormir.  Y agosto viene calentito también. ¿Y tus padres que tal, estarán muy contentos? ¿Son abuelos por vez primera? Ah, sí, no me acordaba, que tienes una sobrinita. ¿Estará grande ya, no? Menuda sorpresa se llevarían tus padres. Claro que a tu edad y la de tu mujer, y después de tantos años juntos y nada, y ahora de repente… ¿Lo estabais buscando? ¿Llevabais tiempo intentándolo? No me lo puedo creer, qué alegría, ya verás, os va a cambiar la vida. Ahora, eso sí, aprovecha para dormir y disfrutar lo que te queda, que después, ya verás, se os acabó el salir, noches en vela, el pediatra a todas horas, los gases, los lloros sin saber por qué… Pero es una aventura. Yo aún no he sido madre, pero no lo cambiaría por nada. Hay que alegría me das. ¿Se puede contar? Ya verás cuando se lo diga a todos. ¿Y cómo me has dicho que la vais a llamar? Es por ir tejiendo unos cojines con su nombre para regalároslos. ¿Para octubre me dijiste, verdad? Pues si no queda nada. La tenéis ahí encima ya. Me tendré que poner las pilas entonces. Bueno, bueno, menudo padrazo vas a ser. ¿Sabes que las niñas quieren más a su padre que a su madre? ¿Habréis comprado cosas para los primeros días?  ¿Tu mujer habrá dejado de fumar? Que mira que le gustaba el pitillo a todas horas.  ¿Y tú igual, no? Porque no te atreverás a echarte un cigarro delante de ella. Además, ¿no crees que ahora es el mejor momento para que lo dejes? Que ahora tienes que dejar de pensar en ti solamente. ¿Y no beberá nada de alcohol supongo? Tienes que cuidarla mucho y no la dejes tomar nada.

Hombre, pues ahora que lo pienso, Patricia no está nada mal. O Marta. Ana también me gusta mucho. ¿Qué te parece María, a secas. ¿Y Carla? Como la canción. ¿Mi hermana se llama Lourdes, y a mi me parece precioso ¿no crees? Aunque Paula y Lucíaa están muy de moda, y tienen su aquél. Tengo una amiga que acaba de dar a luz y la han puesto Daniela. ¿No te parece genial? ¡Ay madre! ¡Qué emoción! ¡Qué nervios! Si es que ya la estoy viendo correr. Como si me estuviera pasando a mi.

 

Pues anda agobiado

¡Houston, Houston!

 

Escucho Podría ser peor, de Guille Milkiway (La Casa azul)