Orgulloso

No me está resultando fácil ponerme hoy delante del teclado. Quiero escribir muchas cosas, pero a la vez no sé por dónde empezar. Me apetece dar la nota como cada viernes, pero tampoco me sale. Lo cierto es que estoy un poco triste, aunque orgulloso también. Sentimientos encontrados, como la vida misma. Y es que […]

Ministérico

Escuché esta semana a una locutora de radio señalar, con orgullo, que desde hace casi tres años se reconoce ministérica. Lo primero que pensé al oírla, es que se considera una histérica, pero en pequeño. O sea, que me imaginé a una persona de baja estatura durante todo el día de acá para allá en una constante e intensa excitación.

Pero no.

Al poco caí en la cuenta de que lo que pretendía decir la periodista en cuestión es que se considera una superfan de  El ministerio del tiempo, esa exitosa serie de los hermanos Pablo y Javier Olivares que ha vuelto a las pantallas de La 1 en su tercera temporada.

He oído muchas veces hablar muy bien de ella, pero por unas cosas o por otras no había visto aún ningún capítulo. Hasta el pasado jueves, donde, expectante y tumbadazo en el sofá, me tragué el primero de la nueva andadura, así como otros dos más que repusieron del inicio de la serie. Total, que me dieron las tantas. Pero lo pasé de mimo,  y aunque al día siguiente casi me se pegan las sábanas, que diría aquél, mereció la pena.

Impagable el pasaje en el que un funcionario del tiempo que vive y trabaja en 1808, en plena Guerra de Independencia contra los franceses, recibe una carta del ministerio, del Montoro de hace 200 años, en la que le comunican al empleado público que este año se queda sin paga extra de Navidad.

Absurdo pero a la vez genial.

Tiene buenos puntazos la serie.

Así que nada, que con solo tres capítulos ya me considero un ministérico más, ese grupo cada vez más numeroso que cuenta con hastag y todo en twitter.

 

Y es que tiene que ser una gozada atravesar una simple puerta de madera y aparecer así como si nada en cualquier momento y lugar que desees -ataviado eso sí con la indumentaria de la época a la que vayas, porque si no ya me dirás…- y poder revivir alguno de los acontecimientos históricos y que sabemos que ocurrieron porque así lo dicen los libros.

Quien más y quien menos  ha soñado alguna vez en su vida que viajaba a través del tiempo, ya sea en una máquina de aquellas con las que se ilusionaban en el victoriano siglo XIX o más recientemente en el mítico DeLorean junto a Michael J. Fox,  para tener la oportunidad cambiar las cosas antes de regresar al futuro. O quizás solo para disfrutar de un momento único y ¿por qué no? quedarte allí y no volver.

¿Os imagináis abrir la puerta número 54 del Ministerio del Tiempo, con bigote y patillas, pantalones de campana marcando paquete y camisa ajustada de colores, y aparecer al otro lado, en plena década de los 70 del pasado siglo, en el mítico programa estaodunidense Soul Train, dando caña y bailando el You should be dancing de los Bee Gees a lo John Travolta?

 

Yo sí. Más de una y dos veces.

No cambiaría el designio de la historia, pero a buen seguro que me lo iba a pasar pipa.

Y lo mismo hasta no vuelvo.

Bueno sí. Que luego seguro que os echo de menos

Así que nada Rajoy, toma nota, y mira ver si se pueden ampliar las carteras ministeriales

Feliz día