Cansinos

Mañana se celebra la final de la Copa de Su Majestad el Rey de fútbol. Barcelonistas y alavesistas se disputan el trofeo más antiguo de España -más que la Liga-, aunque muchos consideren su conquista sólo un chupito. Y muy a mi pesar, y como casi cada año en lo que llevamos de este siglo, un equipo vasco y otro catalán saltarán al césped del Vicente Calderón de Madrid -que dice adiós-, con sus correspondientes hinchadas, ataviadas de esteladas e ikurriñas, y ansiosas en las gradas a la espera de que suene el himno de su país para vituperarlo.

Cansinos.

El otro día decía un periodista de esta tierra castellano y leonesa mía, que la política se está futbolizando, “porque -y cito textualmente sus palabras-  los debates de televisión, las tribunas políticas y hasta las entrevistas, se han convertido en auténticos partidos de fútbol en los que se silba al adversario y se insulta al presentador”. No le falta razón, pero me preocupa más lo contrario, que el fútbol se esté convirtiendo ya -si es que no se ha convertido ya- en arma arrojadiza para hacer propaganda política y enzizañar.

Probablemente no veré la final. Y mucho menos los prolegómenos, aunque ya se encargarán las televisiones, radios y periódicos de informarnos sobre lo que ya sabemos que va a ocurrir: que se pitará a Don Felipe cuando llegue al palco y que los decibelios de la silbada aumentarán mientras suena la maravillosa melodía de La Marcha Real, el himno sin letra oficial de nuestro país.

Notas musicales que siempre han sonado en cada acto oficial del Rey o la Reina desde el siglo XVIII, salvo en el trienio liberal de los años 20 del XIX o durante el tiempo que duraron las dos malogradas Repúblicas, aunque en la primera compartió coofiacialidad.

Un himno, que un lumbreras de Podemos en las Vascongadas, un tal Mikel Isasi,  anima a pitar “porque es el que utilizaba el Gobierno fascista de Franco”.  Este aún no se ha enterado  -o sí, pero le da lo mismo con tal de meter su cuña- que la Marcha Real se convirtió en el himno oficial de España de la mano de Carlos III en 1770. Y creo que Franco, si no me fallan las cuentas, no ha había nacido todavía ni se le esperaba siquiera.

Cansinos

¿Pero qué esperamos, cuando el resucitado líder de los socialistas, elevado a los altares por la militancia, azote del susanismo y aspirante una vez más y por desgracia a Gobernar lo que queda de este país, dice que España es una nación de naciones y define nación como “un sentimiento que tiene muchísima ciudadanía, por ejemplo en Cataluña, por ejemplo en País Vasco, por razones culturales, históricas o lingüísticas”?

Cansinos.

¿Cómo no van a pitar el himno las nuevas generaciones, cuando en estos tiempos que corren los niños en Cataluña tienen que aprender en la escuela a través de libros de texto en los que se puede ver, por ejemplo, un mapa de Europa que muestra a Cataluña como una nación distinta de España y en un color diferente para que quede claro que no es el mismo país?

Cansinos.

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