De zombis y vampiros

La respuesta del Gobierno ha tardado un poco en llegar, aunque dentro de los límites establecidos en el reglamento de la Cámara Alta. Pero lo ha hecho, que a fin de cuentas es de lo que se trata. Si bien, la contestación a la interesante pregunta que hacía un senador de Compromís hace ya casi un par de meses, no solo no me ha despejado las dudas que ya tenía cuando leí la cuestión en cuestión, sino que las ha agrandado y me ha dejado con mal cuerpo y un tanto inquieto, no lo voy a negar. Y es que en pleno siglo XXI, y con la que está cayendo, me preocupa sobremanera que estemos en manos de quien estamos, con demasiado loco suelto por ahí manejando los hilos, más preocupados por su ego que por el futuro de la humanidad.

“El Gobierno informa a Su Señoría que no dispone de protocolos específicos ante un apocalipsis zombi, entre otros motivos, porque poco se puede hacer llegado ese momento, y dada la dudosa probabilidad de que se produzca semejante circunstancia bajo tales premisas”.

Reconozco que se me caen los pelos del sombrajo cuando leo la repuesta -algo que he hecho ya en más de una docena de ocasiones y diríase que podría recitarla de memoria como si fuese “La canción del pirata “de Espronceda-, y que no he encontrado consuelo alguno en estos días. Salvo en Vampire’s dreams, una entretenida lectura con la que me he divertido mucho, de Henar de Andrés Miguelsanz, una escritora de talento que recomiendo encarnecidamente. Y más si cabe en estos momentos de zozobra y ante la real y existente posibilidad de una hecatombe zombi.

Kate, la protagonista de esta historia de ¿ficción? repleta de alcohol, sexo, drogas y rock and roll, pero sobre todo mucha acción, es la elegida para guiarnos hacia la victoria final en caso de que los muertos vivientes u otros seres sobrenaturales que pueblan nuestro maltratado planeta y que también aparecen en la publicación, intenten apoderarse de nosotros y extinguir a la raza humana, tal y como la conocemos. ¡Te necesitamos, Kate!

Y es que la respuesta gubernamental deja claro, más nítido que el agua, que el apocalipsis zombi , que yo creía imposible de todo punto, es posible y puede estar más cerca de lo que creemos en realidad, por cuanto la contestación habla de un hecho de “dudosa probabilidad”. O sea, que no se descarta. Y lo que es peor, que, llegado ese momento, poco se puede hacer. Y qué queréis que os diga, me niego a pensar en que no se puede hacer nada y mucho menos a tirar la toalla sin antes vender cara mi derrota o mi conversión en muerto viviente.

Como periodista que soy, estoy tratando de informarme al respecto y aportar mi granito de arena en pos de la raza humana. Y he encontrado en internet algunos consejos prácticos que nos pueden ayudar en esta posible cruzada zombi. Proceden de los Estados Unidos de América. Para que luego digan de Trump. Este si que no se anda con chiquitas y lo tiene todo dispuesto.

Dos neurocientíficos de la Universidad de Berkeley llevan años estudiando este fenómeno. Y han llegado a la conclusión de que el comportamiento zombi es una enfermedad que han bautizado con el nombre de “trastorno hipoactivo de déficit de conciencia”, y que se caracteriza porque el ser humano pierde su raciocinio, ya sea de forma involuntaria o consciente, y sustituye éste por una agresión ilusoria e impulsiva. Los estímulos dirigen su atención y el afectado se ve incapaz de coordinar sus conductas motoras y lingüísticas además de que le entra un apetito insaciable por devorar carne humana.

¿Qué hacer, entonces, para salir airosos ante una pandemia zombi?

Los estudiosos norteamericanos lo tienen claro: un poco de neurociencia, para conocer sus limitaciones y lo que sienten. Parece ser que los zombis no son capaces ni de reconocer a su madre, por lo que se desaconseja apelar a sus sentimientos e intentar razonar con ellos. Otra opción es salir corriendo raudo y veloz, aunque siempre he dicho que correr es de cobardes y de mal torero, así que lo descarto completamente. Además, que hay que tener físico, y no todos hacemos running o footing.

Además, el exhaustivo informe de los dos neurocientíficos no deja lugar a la duda: los zombis no se asustan ante un ataque, no temen las represalias y nunca se retirarán. Es decir, que morirán otra vez pero con las botas puestas. E insiste, contundente, el documento: “mientras quede uno en pie, éste seguirá luchando hasta el final”. Por ello, se recomienda especialmente tener a mano un buen bate de béisbol. Y si no -y esto lo añadiría yo al informe- siempre nos quedará Kate, la vampira más humana del mundo mundial , para echarnos un cable en lugar de darnos un mordisco.

Kate, no te vayas muy lejos, por si acaso.

Así que nada, como hoy es viernes y es un buen día para dar la nota, os dejo un tema que puede venir al pelo con esta historia que acabo de contar. Además, es de una de mis artistas favoritas. Sobran las presentaciones.

PD: este fin de semana se celebra en Peñafiel (Valladolid) la concentración nacional de charangas. La diversión está asegurada, por si alguno se anima.

Feliz finde a todos, en general, y a los de Castilla y León, como yo, feliz puente, ya que el lunes estamos de fiesta.

Lista de participantes




VIERNES DANDO LA NOTA
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10 comentarios en “De zombis y vampiros

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