El patio (II)

Os lo voy a contar todo

Al día siguiente Pedro no pudo volver a engañar a su madre. No tenía más tizas y se le habían acabado las ideas. Pensó en llamar a Juan para que le diera alguna más que pudiera llevar a cabo, pero era demasiado tarde. No había tiempo.

Esa noche, al igual que las anteriores de ese último mes, apenas pegó ojo, y no paró de dar vueltas en la cama de un lado a otro buscando el lugar más fresco de la almohada. Cuando despertó estaba empapado de sudor. El poco tiempo que durmió no fue plato de buen gusto. Una y otra vez tenía la misma pesadilla, que le traía mártir.

Tras asearse, desayunar y vestirse con lo que primero que pilló en el armario, Pedro salió de casa con la mochila al hombro repleta con los libros de las asignaturas del día, pero con su mente puesta en otro sitio y cargada de…

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