El estornudo

Un grupo de científicos estadounidenses, liderado por Tadd Truscott y Randy Hurd, de los Truscott y Hurd de toda la vida, natales de Utah y currantes de la Universidad de Brigham Young, llevaron a cabo hace unos años un interesante estudio llamado a ayudar a mejorar la convivencia entre seres humanos, especialmente entre aquellos que comparten hogar, ya sean amigos o parejas, pero, principalmente, destinado a cambiar el devenir del planeta. Un minucioso experimento, algo escatológico, pero reconocido por la Sociedad Científica de los EEUU y publicado en revistas especializadas, en el que se dan una serie de pautas o recomendaciones a los hombres, sobre cómo tienen que miccionar en una taza de váter sin salpicar en el suelo del servicio, en las paredes o en la susodicha taza. Objetivo:  erradicar de una vez por todas esas manchas de orín que se suelen quedar secas anidando tras una buena meada y que tanto molestan a las mujeres cuando les llega el turno de evacuar así como mejorar las relaciones conyugales.

Un problema que ha adquirido importancia mundial, que traspasa fronteras,  y que se ha convertido incluso en un asunto de salud pública, puesto que el documento deja claro que los baños públicos con los pisos encharcados de orín provocan un extraordinario foco de bacterias.

El exhaustivo informe, de más de cuatrocientas páginas, con pie de foto y encabezado de página incluidos, es un auténtico compendio técnico y científico sobre el pis y todo lo que le rodea. Desconozco si este estudio ha contado con subvención estatal, pero como no quiero que abandonéis esta página antes de tiempo os lo resumo en cuatro puntos:

  • Pararse o colocarse lo más cerca posible del inodoro o del lugar donde vaya a depositar su orina.
  • Inclinar la dirección del chorro, apuntando hacia los lados o hacia abajo, en vez de al mismo centro. Y, ojo avizor, evitar que impacte directamente contra la taza.
  • Coloque papel higiénico en la taza del inodoro para que suavice el impacto de las gotas.
  • De no ser capaz de llevar a buen puerto alguno de estos tres puntos anteriores, sentarse. Porque cuando se está de pie, uno queda hasta cinco veces más lejos del lugar del desecho, por lo que las gotas ganan velocidad de impacto y se riegan por doquier.

Nítido.

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Solo un pero a este proyecto piloto. Los científicos no contaron con la fortaleza, la improvisación y la mala leche del estornudo. Esa reacción tan humana e inesperada, capaz de hace tambalear los cimientos de la ciencia y echar por tierra el dinero del contribuyente y el esfuerzo de tantos años de dedicación científica.

Me pasó anoche, sin ir más lejos, en el escusado o retrete, antes de introducirme en la cama para descansar de una ardua y maratoniana jornada de trabajo, repleta de actualidad informativa.

Mientras desenrollaba el falo meditabundo y descargaba el líquido amarillento pensando en estas recomendaciones científicas, surgió de repente. De la nada. Fue rápido y apenas me dio tiempo a reaccionar. Un estornudo, al que como si de un huracán se tratara, le puse el nombre de Jesús, ya que fue tal su virulencia que me hizo desviar la trayectoria del chorro.

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Y me cagué en todo lo que se menea.

Cuatrocientas páginas y dos años de trabajo tirados a la basura por un simple pero magnífico estornudo.

🙂

Feliz jueves

 

 

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6 comentarios en “El estornudo

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