Las vacaciones

No sé a quién le escuché decir una vez que esto de las vacaciones es como ir a mear y no echar gota o como tener un tío en Cuenca. No conozco todavía esta capital manchega, dicho sea de paso, pero me hizo gracia la frase y ahí queda, para los anales de la historia o para mi particular vademecum literario, al que echo mano a menudo para contar mis paridas. Expresiones con las que quien fuese el que me las dijo -algún día me acordaré- me daba a entender que estás todo el año currando como un cabrón e incluso ahorrando lo que no se tiene y que no dedicas a otras cosas más importantes, para irte quince putos días en los que ni desconectas ni descansas y, cuando regresas, encima estás tristón y no hay Dios quien te aguante, te encuentras desganado tirando a liquidado y, sobre todo, necesitado de unas vacaciones de las vacaciones. Y creo que no le falta algo de razón.

Yo añadiría que, según se den estos días, lo mismo vuelves también sin tu pareja si te descuidas. Porque esto de que el roce hace el cariño se estila cada vez menos. Los datos están ahí y son irrefutables. Según el Consejo General del Poder Judicial, durante el verano se deciden más de tres de cada diez divorcios que se registran al año (el 33 por ciento exactamente). Si es que cada vez nos aguantamos menos, y ya se sabe que el verano y estos calores son un cóctel muy explosivo.

De todas formas, las vacaciones ya no son lo que eran. Te das cuenta de ello cuando vas cumpliendo primaveras, y ves lo que se hace hogaño y lo que se hacía antaño. Alguna familia queda de esas de apartamento o tienda de campaña, nevera y playita que disfrutaba del mes de agosto enterito. Y repetía al año siguiente en el mismo sitio. Tanto repetía que hasta tenía su pandilla de amigos. can-stock-photo_csp21041368_CorteEn la ida, ilusión, risas, cánticos en el Seiscientos que iba hasta la bandera con la abuela paterna, el abuelo materno, el cuñao, los hijos, el perro, la bici y la colchoneta para surcar el mar incluidos. En la vuelta, tristeza, pero más cánticos y alegría por haberlo pasado estupendamente con cuatro perras como quien dice.

 

Ahora es otra cosa, y aunque las neveras han repuntado en las playas e incluso los cámpings han aumentado su número de fieles, lo cierto es que todo se ha diversificado bastante. No digo que sea ni mejor ni peor, sino distinto. Como los tiempos que corren, en los que los móviles y el postureo en la arena para calentar el facebook o el instagram son los protagonistas de las playas.

Mias vacaciones acaban de terminar y ya he vuelto a la normalidad. Bendita normalidad, por otra parte. Tanto, que hasta me he cortado la coleta de la que presumía estos días. Se me ha quedado cara de cuscumino.

 

Como buen derecho laboral que es y gracias a los sindicatos tengo treinta días de vacaciones, que en mi caso debo gastar entre julio y agosto. Cuatro semanas y dos días en los que no he currado pero que la empresa me ha pagado religiosamente. O dicho de otra manera, como Dios manda. Lo que no está nada nada mal. Pero que nada nada mal. El sueño de un autónomo.

Mi regreso a la rutina ha sido apacible. Estos días de agosto es lo que tienen, todavía queda gente tirada en la playa o tomando chismes en los chiringuitos y las grandes ciudades están vacías. Una gozada. Poco tráfico, menos ruido y, salvo por este calor asfixiante que tenemos por la meseta llamado canícula, se está de mimo.

No tengo síndrome posvacacional de ese que llaman. Ni estoy tristón ni desganado. Sí que un poco liquidado, y aunque necesitaría unas vacaciones de las vacaciones, lo cierto es que, visto lo visto, estoy mejor en el trabajo. Entretenido en el periódico escribiendo y contando mis cosas cuando tengo un rato en este blog. Además de que mi hígado y mis dos pulmones también  me lo agradecen.

Y es que dicen que currar es bueno para la salud, tanto mental como física. Y doy Fe de ello. Mental, porque cuando estás en el paro te comes mucho la cabeza. Y física, porque cuando estás de vacaciones se duerme menos, lo que es una paradoja, y se come, se bebe y se fuma más de la cuenta. Ahora toca adelgazar unos kilillos de más que me echado al cinto y desintoxicarme un poco. Limpieza interior que se dice. En un mes recupero mi tipín.

En fin, que todo lo bueno se acaba -también lo malo aunque dura más- pero qué queréis que os diga. Aunque soy consciente de que las vacaciones son necesarias, llamadme raro, pero yo currando y en mi rutina diaria soy también feliz.

Como una perdiz 🙂

 

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4 comentarios en “Las vacaciones

    • Hola chica del montón, hacía tiempo que no charlámos. Me alegro de volver a verte por aquí. Tienes razón y estoy de acuerdo contigo. Es más, tendría que haber más días de vacaciones. En mi caso las he disfrutado al máximo y he vuelto con las pilas cargadas. Pero en la normalidad y yendo cada día a trabajar en lo que te gusta me muevo como pez en el agua y disfruto mucho también. Un abrazote

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