CASIO

No soy mucho de comprarme relojes. Tampoco de cambiar a menudo de ellos ya sea en función de la ropa que me vaya a poner para salir de casa o por la actividad que vaya a realizar ese día. Además, como buen tiquismiquis y cuidadoso hasta la exasperación que soy, los que tengo, casi todos regalados, me suelen durar bastante. Me encariño pronto con ellos y me los sigo poniendo aunque no vaya a la moda. Es lo que tiene ser un pijijipi.

Pero esta vez he hecho una excepción y me he agenciado un peluco, no muy grande o más bien pequeño, y de una forma tirando a cuadrada aunque con las esquinas un poco redondeadas. Es ligero, algo que ahora con estos calores se agradece, además de que no me molesta cuando tecleo estas líneas, cosa que sí me pasa con otros más mazacotes, que no paran de subir y bajar por mi antebrazo izquierdo según lo menee.

Es un reloj que se ajusta a la perfección a todo tipo de muñecas. Tiras hacia adelante o hacia atrás por la especie de carril que tiene en su correa hasta que encuentras tu posición ideal y aprietas en su hueco correspondiente hasta que haga clic.

De color metálico, marca las horas, los minutos y los segundos de manera digital, lo cual me ha hecho cierta gracia, puesto que estoy más acostumbrado a los de manillas de toda la vida. Aún estoy haciéndome a él. Por descontado, tiene alarma, cronómetro e incluso una lucecita para poder saber correcta y exactamente la hora que es cuando se hace de noche o te encuentras a oscuras. Una excusa menos si llegas tarde a casa.

Además, es water resist. Lo que viene a ser, resistente al agua. O sea que me puedo meter en la piscina, en el mar o en el río, e incluso ducharme con él puesto sin que pase nada y sin tener que llevarle después al relojero para que me lo devuelva en buena forma otra vez. También te indica el día en el que vives y la fecha en la que te encuentras. Si es que todo son ventajas. Apenas tiene tres botones para manejarlo. Lo que me recuerda a mi primer coche. Un Seat 127 de color verde aceituna, deportivo, de dos puertas y asientos abatibles forrados con pellejo, con radiocasete Pioneer y llantas de aleación ligera incluidas, y que tenía sólo un botón más. Pero que se conducía divinamente.

Dos finas líneas azuladas, una por arriba y otra por debajo de los números, rodean el reloj hasta encontrarse y colorean el cristal dando ese toque ochentero que tanto me pone. Por si no lo habéis adivinado aún, es un CASIO, la emblemática marca japonesa cuya filosofía de la vida es, según dicen en su web, aprovechar la tecnología para buscar la armonía con la naturaleza de las cosas, y de esta forma poder crear y construir un mundo mejor. Filosofía que comparto plenamente, dicho sea de paso. Así que me doy con un canto en los dientes, porque, al igual que cuando compro un cupón de la ONCE y que nunca me toca, sé que al menos he contribuido a una gran labor social.

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Lo mejor de todo es que apenas me ha costado treinta euros. Cinco mil de las antiguas pesetas. Y estoy que no me cabe un piñón por el culo con él. Tanto, que no hago más que decir la hora cada dos por tres a todo el mundo, aunque no me la pidan. Aunque es curioso, porque antes cuando me preguntaban por la hora siempre contestaba, por ejemplo, “pues son son las tres y media”, Mientras que ahora, miro el reloj con detenimiento y digo, contundente: “son las quince treinta y 24 segundos”. Y me marcho feliz como una perdiz.

 

Los Casio han dado y siguen dando para muchos chistes fáciles en esta España guasona. Me vienen algunos a la memoria:

-El chico que va al relojero y le dice cuando le atiende. – Se me ha roto el reloj. —¿Casio? contesta el dependiente. —No, un golpe, replica el otro.

– O ese otro que va a comprar un reloj a su sobrino para regalárselo por su comunión, y le dice al dueño que en ese momento está viendo el fútbol en una tele que tiene en la tienda. -Quería un reloj. En esto que falla un gol cantado el delantero del equipo del que es seguidor el de la tienda y se le escapa un -¡CASIO!  A lo que contesta el chico, que no, que prefiere un FESTINA.

También vale para calculadoras, porque CASIO es una marca potente y hace de todo. ¡Que levante la mano quien tenga entre 35 y 45 años y no haya hecho sonar música un órgano de esta marca nipona!

-Un chico jorobado llega a su casa muy triste y dice:
-¡Mamá, mamá, en el colegio me dicen CALCULADORA!
A lo que su madre contesta:
¡Callate, CASIOMODO!

Ya sé que son muy malos y no hace falta que os riáis, que ya lo hago yo por vosotros.

 

JAJAJAA, ME PARTO.

Pensamientos-positivos

Pero bueno, os decía que estoy muy contento con mi nueva adquisición. Además, que no os lo he contado, cada hora me avisa con un pitido. Espectacular. Y, esta semana, me he dado cuenta que los encierros de San Fermín y mi reloj van al unísono. Están compinchados. Es salir disparado hacia el cielo el cohete y abrirse las puertas de los corrales para que salgan los morlacos a toda pastilla por la cuesta de Santo Domingo, y mi CASIO pita, marcando las ocho, como Dios manda. Estoy alucinado.

Y aunque solo sea por eso, ha valido casio la pena comprar el reloj.

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