Soy un friqui

¿Que si soy un friki o friqui? Quizás, no lo sé. Seguramente sí, creo yo. Al menos un poco. Como todos. Cualquiera en este mundanal mundo que nos ha tocado vivir es un poco friqui en algún momento de su vida. En ocasiones, pienso, ni siquiera nos damos cuenta de ello o lo pretendemos, aunque en la mayor parte de las veces sí. Lo buscamos. Porque de vez en cuando y cada vez más nos gusta sacar el ególatra que llevamos dentro y hacernos notar de alguna manera. No queremos pasar desapercibidos. necesitamos ser diferentes. Que hablen de nosotros, aunque sea mal. Ladran, luego cabalgamos, dice el sabio refranero. Odiamos no ser nadie y nos gusta que nos consideren unos guays y parecer un friqui, porque creemos que nos da cierta notoriedad y que se liga más.  Las rarezas, pensamos, nos hacen únicos en la especie.  Y aunque los friquis aún no se libran de las críticas, “Que si todo es postureo, que si qué dirá su madre, yo a la calle no salgo con esas pintas, que a si a ver si maduran…” lo cierto es que, a Dios gracias, el concepto ha cambiado. Antes ser friqui estaba mal visto, y ahora no.Ya nadie te suele condenar al ostracismo por mostrar abierta y libertinamente tus gustos, salvo si eres fumador.

Los caminos del Señor son inescrutables.

Friki-Zone

Y es que hoy es el Día del Orgullo Friqui. #OrgulloFriki en Twitter. Trendic topic. Celebrémoslo como se merece porque es una fiesta que cumple una década. Ahí es nada. Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), al que me gusta acudir con frecuencia, un friki o friqui -está españolizada la palabra- es una persona extravagante, rara, excéntrica, pintoresca y que practica de forma desmesurada y obsesiva una afición. Se suele catalogar de friqui a aquellos que les gustan los cómics, en especial el manga, las series tipo Juego de Tronos, los juegos de rol, la saga Star Wars, Sin Chan enseñando su culito y la colita… Sí, pero no solo. Friqui puede ser cualquiera según su forma de comportarse sin tener que disfrazarse o hacerse notar. En mi caso, nada relevante, salvo supersticiones varias que uno siempre tiene y cuida, por si las moscas. O que mi blog se llame Tron. Lo más parecido a un friqui que soy yo se asemeja mucho a lo que canta Siniestro Total en una de sus míticas canciones titulada ¡Oh, qué raro soy!, que forma parte del disco Menos mal que nos queda Portugal , aunque con algunas diferencias. Sobre todo en lo que se refiere al alcohol y los ahorros. Es lo que tiene ser pobre, pero honesto, cabal y cumplidor. Un ciudadano como Dios manda.

Pero a lo que iba, que me se va la pinza, que diria aquél. El temazo decía algo así:

“Soy un hombre honrado, me gusta el trabajo, pago mis impuestos y no bebo alcohol, y si veo a un pobre una limosna le doy… Tengo unos ahorros, quiero a mi mujer, y el fútbol me vuelve loco, me gusta también la sopa, y a mí el paquete no se me nota… ¡Oh, qué raro soy!¡Oh, que raro soy! Oh, que raro, oh qué raro, ¡oh qué raro soy!” […]

“Leo el periódico, practico deporte, el domingo a misa y pago to-das las multas
y yo en mi vida he ido a putas”. ” ¡Oh, qué raro soy!¡Oh, que raro soy! Oh, que raro, oh qué raro, ¡oh qué raro soy!”

Unos cracks los vigueses.

 

Así casi soy yo. Un auténtico friqui. También en casa. Todo colocadito, pocos trastos y alguna planta, pero, sobre todo, mucha cerveza y vino.

Buen día a todos del Orgullo Friki

 

Fuente fotos: somosfrikis.es y mediamarkt.es

 

 

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