Eurovisión

Soy un fan de Eurovisión. Lo reconozco. Me lo he pasado y sigo pasándolo pipa delante de la tele escuchando y viendo las actuaciones. Y me gusta también la emoción de las votaciones y competir. Sale mi gen madridista con la Orejona. Cuando era pequeño este festival era una fecha marcada en rojo en el calendario de los Ortega Viejo. Una cita obligada en el salón de casa junto a mis padres, a la espera de que cantara el nuestro, y siempre optimista antes de las puntuaciones. Temazos en las décadas de los 70 y 80. ¿Quién no recuerda a José María Bachelli, con su “Y sólo tú”, en 1981?  Un crack el barcelonés. O a Karina y su mundo nuevo; Micky enseñandonos a cantar; Remedios Amaya, con su ¿Quién maneja mi barca?  y el rosco que logramos; el Made in Spain de La década prodigiosa; el “Lady Lady” de Bravo… o ya en los 90, Sergio Dalma y su “Bailar pegados” o el “Vuelve conmigo” de Anabel Conde, que logró un meritorio segundo puesto. Qué tiempos.

 

Mucho se ha dicho ya sobre Eurovisión en estos días y, como suele ser habitual en este país, poco o nada bueno. Lo decía el famoso periodista José María García cuando hablaba sobre la participación española en un campeonato mundial de natación: “¿Los nadadadores españoles? Bien, ninguno se ha ahogado. Pues algo parecido habrá que empezar a decir de nuestros cantantes cada vez que volvamos del festival de la canción europeo por excelencia. Aunque con la presencia de Australia, y la más que probable de Estados Unidos en un futuro no muy lejano, será más bien universal. ¿Nuestro cantante? Bien, gracias, al menos no ha hecho ningún gallo ni se ha tropezado al bailar.

El caso es que siempre nos dan en los morros. Somos unos echaos pa’lante y vamos un poco de sobraos a Eurovisión. Y luego pasa lo que pasa. Unos dicen que el festival está politizado y que no pintamos nada en él. Puede ser. Yo prefiero pensar que casi siempre gana el mejor o uno de los mejores. Ojos que no ven, corazón que no siente. Total, no deja de ser un espectáculo y de lo que se trata es de pasar la tarde y la noche lo más entretenido posible.

Barei representing Spain performs with the song "Say Yay!" during the Eurovision Song Contest final at the Ericsson Globe Arena in Stockholm
Barei

En lo que respecta a este año, Jamala creo que fue la justa vencedora, temas políticos aparte. Y nuestra Barei estuvo sensacional con su tema “Say Yai”, a pesar de que cantó en inglés -que vaya tela, dicho sea de paso, teniendo en cuenta que este es el año de Cervantes-. La lengua de Shackespeare es más comercial de cara a posteriores ventas, y podemos quedar como unos guays en Europa, aunque pienso que en este tipo de festivales deberíamos acudir siempre con un tema en español. Soy un poco antiguo para estas cosas. También creo que a Barei le dejaron un poco sola y a la aventura en el escenario. Serán cosas del presupuesto, pero se podía haber aprovechado un poco mejor el magnífico espacio que había.  Eurovisión ya no es lo que era y ahora parece que prima más la parafernalia que se monta alrededor de la canción. Pero como todo en la vida, las cosas cambian y hay que adaptarse a las nuevas tecnologías.

Me encantaron el francés Amir, la australiana Dami Im y las representantes de Bélgica e Italia, Laura Tesoro y Francesca Michielin, respectivamente. Esta última con un tema típico azurro, con mucha melodía y muy sensual (echo de menos canciones más melódicas en Eurovisión). Suecia, que iba de favorito con el Justin Bieber escandinavo, no me gustó, y de la actuación del ruso Lazarev me quedo con el espectacular montaje que prepararon sobre el escenario y los efectos especiales. Pero que queréis que os diga, si se trata de cantar y de un buen tema, pues no estuvo mal pero no merecía ganar. Ni tanto ni tan calvo, que dice el refranero. Ni lo del ruso ni lo de la española. Un término medio, quizas. Tampoco estuvo mal Michal Szpak, el Pablo Iglesias polaco, con más éxito en Twitter que en el festival.

 

¿Y las puntuaciones?  Pues me quedo con el sistema de siempre. Lo de este año, desconcierta y  levanta aún más sospechas.

Y Spain, twelve points.

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Un comentario en “Eurovisión

  1. La verdad es que te doy la razón en que ya no es lo que era,ya no hay uno de cada país donde cante en su propio idioma pues ahora todos suenan igual,encima ahora la cosa se centra mas en el espectáculo en sí que en la voz y canción al menos lo poquito que e visto ya que lo vi solo un rato y porque lo pusieron en mi trabajo …Valla tela desde luego.

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