El refranero

¡Pufff! Hoy empiezo este artículo resoplando. No sé si os pasará a vosotros o sólo me pasa a mi, pero hay días en los que parece imposible que las cosas salgan como suelen salir habitualmente o como queremos que discurran. Un amigo mio siempre dice  que cuando las cosas están de no estar, no salen. Y punto pelota. Y tiene más razón que un santo. No sé si serán los astros que se juntan de vez en cuando para tocar las pelotas o el mismísimo Sursum Corda que se aburre. De tal palo, tal astilla. Pero cuando entran en acción no hay nada que hacer. Estás liquidado. Y a perro flaco todo son pulgas. Aunque la esperanza es lo último que se pierde.

Si tienes prisa por llegar a un sitio y vas en coche o en transporte público, te pilla el atasco padre y todos los semáforos en rojo, amén de que no encuentras sitio para aparcar. Si vas andando, seguro que llueve y se te ha olvidado el paraguas, y te encuentras a conocidos que hacía tiempo que no veías, que son más pesados que una vaca en brazos y te entretienen más de la cuenta contándote gilipolleces que no te apetece aguantar. Entre otras cosas, porque son chorradas que ni te van ni te vienen, y porque no estás haciendo caso al ir justo de tiempo y ver que no llegas. Ya se sabe que jugar  y nunca perder, no puede ser. Y a palabras necias, oídos sordos.

Pero si te sobra tiempo y vas relajado y tranquilo en tu vehículo o en el bus de turno, todo lo contrario. Semáforos abiertos de par en par, tráfico fluido y aparcas a la primera y en la puerta. Y si vas dando un paseo y te apetece ver a alguien para charlar un rato y hacer tiempo, no ves ni al gato. La ociosidad es la madre de todos los vicios y sarna con gusto no pica, a pesar de que lo que uno no quiere, el otro lo desea.

No sé si habrá estudios al respecto de alguna universidad de estas que investigan de todo, pero si no los hay, debería haberlos. Al menos, me quedaría a gusto al comprobar que somos muchos a los que nos pasan estas cosas. Ya se sabe que mal de muchos, consuelo de tontos. Pues eso.

También se puede dar el caso de que el día vaya miel sobre hojuelas y se vaya encapotando según avanza. Ya lo dice el dicho: “Qué día tan bonito, qué día tan estupendo… ya verás como viene alguien y lo jode”. Pues eso también. Y a mal tiempo buena cara, que es mejor no criar cuervos, no sea que me saquen los ojos.

Soy un poco refranero y me gusta apoyar las sandeces que escribo en la tradición popular, que no es más que la sabiduría de la experiencia. Con los refranes, en pocas palabras resumimos la vida misma. Y a buen entendedor, pocas palabras bastan, porque agua que no has de beber, déjala correr. De todas formas, y aunque cada loco va con su tema, cada lobo por su senda y cada oveja con su pareja, lo cierto es que cada cual siempre sabe donde le aprieta el zapato ya sea el burro grande, ande o no ande.

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Pero bueno, que como no quiero ser como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer, termino estas líneas. Y como el que avisa no es traidor, el que busca encuentra,  el que canta las moscas espanta y lo prometido es deuda, me voy, porque no se hizo la miel para la boca del asno y una retirada a tiempo, es siempre una victoria. Y a grandes males, grandes remedios

 

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