El floripondio

Según avanza la primavera y se disparan las temperaturas, la naturaleza estalla. Las plantas cogen color y buen aroma, y empiezan a dar a luz espléndidas flores que nos alegran el día. Una de ellas, natural del Perú, aunque extendida por Europa, es el floripondio. Un arbusto de hojas grandes con flores solitarias y blancas principalmente, de unos 30 centímetros de tamaño y fruto elipsoidal, y de un olor delicioso pero, según dicen, peligroso si se aspira durante mucho tiempo. Al parecer, en estas plantas anida una sustancia denominada escopolamina o burundanga, que es alucinógena y puede causar delirio, psicosis, parálisis e incluso la muerte. Hay que joderse con el floripondio, y tener mucho ojo porque se las trae. De lo que se entera uno leyendo un poco.

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El caso es que siempre he pensado que el floripondio era una palabreja de esas que suelta mi madre de vez en cuando. Hasta que un día me enteré que la utilizaba para referirse al decorado de los tocados o pamelas que algunas mujeres se ponen encima de la cabeza en saraos varios. Y es que hay algunas que parece que llevan un huerto sobre los hombros. Soy un defensor de las viseras, de los gorros, sombreros, boinas, chisteras, tocados o pamelas. Me encantan, y creo que deberían ser más habituales en nuestras vestimentas del día a día. Sobre todo, los sombreros en los hombres, en sus diferentes versiones, ya sean de ala ancha, corona plana o estilo apicultor… Son elegantes, transmiten seguridad y dan un estilo muy particular al que lo lleva. Y descubrirse ante una mujer, denota educación y cortesía. Saber estar.

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A la gran mayoría de las mujeres les quedan estupendamente los tocados y las pamelas en su cabeza. Les favorece. Pero hay otras… que válgame. Y es que con la llegada de este mayo florido y hermoso empiezan a proliferar por toda España eventos sociales y familiares de mayor o menor enjundia. Acontecimientos en los que procuramos ponernos de punta en blanco para mostrar buena imagen y para que los demás vean lo bueno/a que estoy y el tipo que gasto. Pero hay un límite, o debería haberlo. Y en el equilibrio está la virtud. Soy de los que piensan que con el gusto y el estilo uno nace, no se hace. Y que en lo que a vestimentas y ornamentos se refiere se aplica poco el sentido común, que dicho sea de paso es el menos común de los sentidos. Las mujeres, y no descubro América, lo tienen más complicado que los hombres a la hora de ataviarse, pero también se lían más la manta a la cabeza sin ton ni son.

Dicen los entendidos que si la boda es de tarde o de noche, olvídate de cubrirte la cabeza con una pamela o un tocado con sus correspondientes floripondios. También recomiendan saber cuál es el ‘sombrero’ que te queda bien y el que no, así como el condimento que quieres echarle. Porque los hay incluso de huevos fritos con salchichas y champiñones. Ideales para ir al hipódromo de Ascot.

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Apuntan también los expertos que para llevar un tocado  o una pamela como Dios manda, la mujer debe enfundarse un vestido corto o de dos piezas por debajo de las rodillas. Y aunque parezca una perogrullada, tiene que ser un ornamento cómodo de llevar. “Menos es siempre más”, dice el sabio refranero. Finalmente, y para no aburrir, un último consejo de los entendidos: es vital un buen peinado. El pelo tiene que quedar intacto cuando te descubras. Y la sencillez siempre triunfa.

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