De todo un poco

Los días que descanso son una aventura. Puede pasar cualquier cosa. De todo un poco. Me gusta ir sobre la marcha, a la espera de lo que vaya surgiendo. Sin prisa, pero sin pausa. Despejado de mente, pero atento a todo lo que se mueve. Mientras escribo estas líneas lo mismo me sale un partido de pádel, que me llama la suegra para que la vaya a buscar y la lleve a algún sitio o lo dejo todo empantanado y me largo de casa a que me dé el aire.

Normalmente al levantarme suelo conectarme a la red de redes para ver que pasa por el mundo, por si hay novedades. Me suele dar a pie para escribir de algo. Defecto profesional que llaman. Pero hoy no he encontrado nada de particular, salvo que parece que el paro repunta ligeramente en España a pesar de que la venta de pisos nuevos y de segunda mano crece, que los políticos ya están en campaña si es que en algún momento hemos dejado de estarlo, que los del Atleti están eufóricos tras derrotar al Bayern alemán y que #Masterchef es trendic topic en twitter tras la expulsión ayer de Esmeralda. Una pobre concursante todo corazón a la que el popular programa de la 1 había cambiado de look quién sabe si con vistas a lo que se veía venir, pero a la que sus propios  compañeros de faena, por llamarlos de alguna manera, han despreciado y humillado como nunca antes había visto en un espacio de televisión. A todo cerdo le llega su San Martín, dice el sabio refranero popular y seguramente piense Esmeralda.

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Veo por la ventana que el día está un poco tristón, grisaceo, y con pinta de que caiga agua a no tardar. Pero qué mas da cuando no se tiene nada mejor que hacer, salvo descansar y dedicarse tiempo a uno mismo. Aburrirse tampoco viene mal de vez en cuando.

Sigo tecleando en el ordenador y mientras me enciendo un chester me da por escuchar una pieza del compositor checo Antonín Dvorák, que ha compartido una amiga virtual. Se trata de un conciertazo en B Menor protagonizado por el genio violonchelista ruso, Mstislav Rostropovich.

 

No suelo escuchar música clásica habitualmente ni mucho menos soy un entendido en la materia, pero es un ejercicio más que recomendable para calmar los ánimos, reconfortar el espíritu y pensar en nada mientras simplemente pones tus cinco sentidos en las notas que suenan, y disfrutas. Subes el volumen y te sientes Dios, o lo más parecido a Él, durante un rato. ¿Quién no ha escuchado alguna vez música clásica en la bañera o tumbadazo en el sofá mientras lee un libro?  El que no lo haya hecho ya está tardando.

Dicen que los que van a ser padres le ponen música clásica al bebé cuando aún está en el vientre materno porque es bueno para su desarrollo intelectual. Majaderías. Hay estudios para todo. Pero al menos, si esto sirve para que a los progenitores les dé por escuchar algo de Beethoven, Verdi o Brahms de vez en cuando, pues pelillos a la mar. También leo que las mascotas disfrutan como nadie con la música clásica porque les ayuda a desestresarse. Animalillos. Y parece ser que es muy habitual que los dueños de perros y gatos les dejen puesto el aparato musical con Mozart de fondo para que los animales no se sientan solos en su ausencia. Cosas del siglo XXI. Si mi abuelo levantara la cabeza…

Así que nada, como mi suegra no parece que me necesite ni nadie está por la labor de echar un pádel, pues me voy a la calle a ver si al menos me da un poco el aire. Y lo mismo me tomo un vino. O dos. Buen día.

 

 

 

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