Ir de compras

Vaya por delante que no suelo salir de compras o de shopping cada semana. Aunque si por mi fuera… Entre otras cosas, porque el bolsillo no me lo permite. Y cuando digo compras, no me refiero a acudir raudo a mi tienda de ultramarinos de toda la vida a por pan, huevos o leche, ni al estanco a por tabaco, sino que más bien a lo que viene siendo salir con la tarjeta de crédito calentita al asalto de ropa y calzado principalmente. Comprar ropa sube la moral en momentos bajos, y bien organizado, haces el día y te lo puedes pasar pipa. Tampoco soy de los que me hago con cualquier prenda. Me considero un poco tiquismiquis y algo pijuslais, y si algo me gusta voy a por ello cueste lo que cueste. Que se le va a hacer, así me hicieron y moldearon mis señores padres. Por lo que, como mi maltrecho bolsillo no me deja y mi particular gusto es el que es, pues dejo lo de despilfarrar para ocasiones puntuales durante el año. Y hoy ha sido uno de esos instantes sublimes en los que doy rienda suelta a mi cartera.  Aunque como buen hombre que se precie de serlo, voy a tiro hecho. Busco siempre las primeras horas de la mañana, nada más abrir, para tener la tienda para mi solo si es posible. Y no soy de los que se recorre todos los comercios para, al final, comprar lo que vi al principio, pero sí que puedo tirarme días y días viendo escaparates mientras paseo por la calle hasta que veo algo que me seduce, y ataco. Como un tiburón blanco. Con los dientes afilados y los ojos brillantes.

Todo este rollo viene a cuento porque acabo de ver que existe una cuenta de Instagram que me ha resultado cuanto menos graciosa y digna de escribir algo, ya que se dedica a subir fotos de novios y maridos mientras esperan a sus parejas en los centros comerciales, como la imagen de abajo. Situaciones que cualquier hombre ha vivido en algún momento.

comprar

Y es que dicen que salir de compras con la novia o la mujer, con tu madre o tus hermanas es un martirio. Tampoco creo que sea para tanto. Menos aún para que nos inmortalicen cual estatua por buenos y comprensivos, pero casi. Por lo general, los hombres sufrimos en silencio y acabamos hartos, cansados, aburridos y no paramos de mirar el reloj y resoplar esperando el momento de salir de cada tienda. Sobre todo cuando vamos de acompañante y opinador, puesto que sin darte cuenta, en un pis pas y como por la ciencia infusa, te acabas convirtiendo en un auténtico perchero ante el escojone general en cada tienda. Además, ¿por qué será que siempre que tu mujer quiere que la acompañes cuando va de compras juega el Madrid? Un expediente X.

Lista-Completa-de-Compras-de-Final-do-Ano-1

 

El caso es que mi me gusta más ser yo el protagonista en las compras que ir de acompañante. Y, si es posible, prefiero salir sólo. Voy a mi bola y me decido mucho antes porque nadie me contradice. Cierto que una opinión externa ayuda a dar el empujón necesario, pero para eso están los dependientes ¿no? y me suelo fiar de ellos.

Por cierto, que no lo he dicho, al final me he comprado una camisa o mejor dicho un polo camisero, según me ha dicho la joven que me ha atendido, de color azul clarito, muy mono, y un pantalón chino pitillo de color verde que te quiero verde. Muy primaveral el conjunto. Muy chic, que se dice ahora. Para comerme.

mus

 

 

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