El paraguas

Según la RAE, el paraguas es un utensilio portátil que sirve para resguardarse de la lluvia, compuesto de un eje y de un varillaje cubierto de tela u otro material, que puede extenderse y plegarse. Dicho así, suena como algo sobrenatural. Pero nada más lejos de la realidad. El caso es que últimamente no he tenido suerte con ellos. En lo que llevamos de año me he cargado dos paraguas, aunque para ser justos, la culpa no fue mía sino del fuerte viento y de los fabricantes de ambos, que dicho sea de paso, para hacer eso mejor no hacer nada.

Los paraguas son parte de nuestro vestuario cotidiano en días de lluvia. Sobre todo ahora en pleno mes de abril, con aguas mil. Es un complemento más, como un bolso, y habla mucho de la personalidad de su dueño. Llevar un artilugio de estos por la calle no es cualquier cosa. Requiere su estilo y tiene su elegancia, tanto cuando está abierto como cerrado. En este último caso, si el paraguas tiene punta hay que llevarlo como si fuera un bastón. Parece una perogrullada, pero no, mucha gente lo lleva como si fuera a pelear en una justa medieval o para señalar cualquier cosa a su acompañante mientras camina, y hay que andar ojo avizor. Si lo llevamos abierto, eso quiere decir que llueve, algo fundamental, aunque algunos lo usen para protegerse del sol o para ir de incógnito. También hay que tener especial cuidado con los bajitos, te suelen golpear en la cara cuando te cruzas con ellos en un lugar estrecho. Y me molesta sobremanera aquellos que van por la calle junto a la pared con el paraguas abierto obligando al que va sin él a desplazarse a un lado y mojarse. Ya no hay saber estar.

Existen paraguas para todo los gustos y colores, y para cualquier momento del día. Dicen que para una actividad informal se recomienda arriesgar y llevar un paraguas llamativo o estampado y de colorines, mientras que cuando vas a un evento más serio, se aconseja uno de un solo color. Cosas de la moda. Nunca me he parado a pensarlo, pero tiene su aquél.  Y con perro queda muy chic, sobre todo si el  pobre animal también lleva el suyo.

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El paraguas, decía antes, es un complemento, y como tal hay que sacarlo de paseo de vez en cuando. Yo lo hago con frecuencia. Soy un hombre a un paraguas pegado. Precisamente ayer, saqué mi nuevo utensilio portátil a pasear. Uno familiar, enorme, de color morado, regalo de una promoción del periódico La Razón, donde trabajo. Un paraguas soberbio, que además es antiviento, muy mono él. Pero no pude lucirle. Suele ocurrirme que cuando no saco paraguas, llueve. Y cuando me acompaña, no. La Ley de Murphy se cumple a rajatabla conmigo, que le vamos a hacer. A mal tiempo, pues buena cara. Feliz finde. Y no os olvidéis el paraguas, que dan lluvia.

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