El beso

No soy besucón, pero me gusta besar y, aunque no siempre, que me besen. Todos necesitamos en algún momento ese contacto físico con un ser humano o animal para reforzar nuestro amor, cariño, afecto o amistad. Dicen que besar es terapéutico y saludable porque relaja, te hace sentir bien además de que disminuye la presión arterial y la cantidad de colesterol en sangre, con lo que se reduce también el riesgo de sufrir un ataque cardíaco. Tendré que probar más a menudo y así evitaría la pastilla que tomo cada día para bajar mi nivel todavía elevado de colesterol en sangre para la joven edad que tengo. Pienso que, quizás, en un futuro no muy lejano el médico de familia recetará tres besos al día después de cada comida en lugar de tres pastillas de ibupofreno o paracetamol. E igual, a base de muacs, matamos dos pájaros de un tiro y  solucionamos ipso facto el gasto farmacéutico y los costes sanitarios. Además, besar es sinónimo de cultura, porque se conocen otras lenguas (chiste fácil). Y también es gratis, que visto lo visto, no es moco de pavo. Si le hemos puesto un impuesto al sol, que no podremos hacer ya para sanear las maltrechas cuentas públicas. Aunque mejor no dar ideas.

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Todo esto viene a cuento porque hoy festejamos el Día Internacional del Beso, que según he leído por ahí en algún artículo que circula por la Red, se celebra como homenaje a una pareja tailandesa que ostenta el récord de tiempo que estuvo besándose durante un certamen: 46 horas. O lo que es lo mismo, dos días enteros menos dos horas. Eso es amor y lo demás son hostias. A estos no les pasa como lo que revela una encuesta realizada por Match.com, el portal de citas más relevante del planeta, donde se advierte de que una de cada cuatro personas rompió con su pareja porque ésta no besaba bien. Hombre, dicho así, suena un poco mal y digo yo que algo más tendrá que haber de por medio, pero habrá que andar con ojo y esmerarse un poco, además de cuidar el aliento y las compañías. Como todo en la vida, besos los hay para todos los gustos y colores. Lo escribía hace no mucho en otro post. Están los piquitos cómplices entre parejas. Los besitos en la comisura de los labios entre amigos y amigas y viceversa o entre personas que se acaban de conocer y que se atraen y buscan ese primer acercamiento. Tenemos los besos de película, vigorosos, que duran eternamente. O los ósculos apasionados entre amantes comprometidos en una relación envenenada. Otros los carga el diablo, como los de la mafia o el de Judas. Y así seguiría hasta mañana. Pero hay que tener cuidado porque no en todos los lugares del planeta tierra está bien visto besarse en público y menos aún dependiendo de con quién. En algunos países árabes te pueden multar e incluso castigar. Cosas del siglo X. Y en España, besamos ya hasta en el Congreso de los Diputados. Cosas de la nueva política de hoy. Ya lo dice el dicho, besos son amores y no buenas razones. Besémonos pués.

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