Je suis Bruselas

Me levanto por la mañana con ganas y contento. No siempre ocurre pero hoy sí. Es Martes Santo y estoy de vacaciones. Abro la ventana para respirar aire y aunque hace fresco en la calle, el sol brilla en lo alto tras varios días grises. Me pone. Pienso en el magnífico día que tengo por delante en Peñafiel, la capital de la Ribera del Duero, donde vivo y disfruto de la vida. Pongo la cafetera y mientras espero a que me avise con sus ruidos y ese olor inigualable para sacarla del fuego abrasador, me dirijo al ordenador para ver qué ocurre por el mundo. Enciendo un chester. Aspiro y suelto suavemente el humo. Placer absoluto. Me conecto a twitter. Horror. Toso. Se me viene abajo todo lo escrito anteriormente. No soy mujer, pero si lo fuese, a buen seguro que me hubiera bajado la regla en este instante. #Bruselas es trendic topic. “Nos espera un día largo en las trincheras”, escribe un periodista que cubre información para El español en la capital belga. “Tenemos que ser fuertes para proteger nuestra sociedad, nuestra cultura y nuestra libertad. No podemos convivir con quienes quieren destruir nuestra forma de vida”, tuitea otra internauta. “Seguimos con pesar y preocupación lo ocurrido en el aeropuerto belga. Todo nuestro apoyo y solidaridad”, apunta nuestro presidente en funciones, Mariano Rajoy. Algo parecido y casi a la vez teclea en su perfil el podemita Pablo Iglesias, el político del amor.

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Mientras escribo estas líneas me voy enterando de que ha habido al menos dos explosiones en el aeropuerto internacional de Bruselas. El más importante de la capital de las instituciones europeas. Se supone que uno de los aeródromos más seguros del mundo. Hablan de al menos un muerto y decenas de heridos. Medios belgas van subiendo la cifra y llegan hasta la docena. Empiezo a ver imágenes de gente corriendo, asustada. El pánico se nota en sus miradas, en su forma de correr hacia no se sabe dónde, huyendo de tampoco se sabe qué. No me gustaría estar en su pellejo. Decenas de muertos ya y numerosos heridos, mientras evacuan a la gente del aeropuerto porque al parecer hay más bombas escondidas a punto de estallar, informan medios belgas. Son las 9,42 de la mañana mientras tecleo sobre algo de lo que se escribirá y mucho en los próximos días. Pienso en que seguro que habrá españoles entre las víctimas. Aunque qué mas da, si se trata de un ataque terrorista contra todos los que defendemos la libertad. Estamos en guerra, pese a quien le pese. Otro tuit informa de otra explosión con heridos en el metro de Bruselas, en el barrio de Maalbeek Continua el horror. Es Martes Santo, el día en el que Jesús anticipa a sus discípulos la traición de Judas y las Negaciones de San Pedro. El Ibex 35 amplía las pérdidas al 2 por ciento al poco de producirse las explosiones. La bolsa no descansa. El dinero no tiene sentimientos. El ministro Margallo ya atribuye al Daesh los atentados. Calma tensa. Es Semana Santa, donde los católicos celebramos la Pasión, Muerte y Resurreción de Cristo. Me acuerdo de las palabras de Jesús en la cruz. “Perdónalos, no saben lo que hacen”. El olor a café invade mi casa y me avisa de que la cafetera está a punto. Aún no me puedo creer lo que está pasando. No entiendo todo este odio. Me echo el café en una taza. Se me atraganta. Nos esperan días aciagos. Descansen en paz las víctimas. JE SUIS BRUSELAS

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