Vaya lío

¿Se puede ser el dueño de un color? Pues por estrambótico que parezca, sí. Leo en La Razón un excelente reportaje de Celia Maza en el que cuenta cómo el artista indio Anish Kapoor se ha hecho con los derechos de un pigmento de color negro llamado “Vantablack”, que me entero ahora que existe, y que debe ser el negro más puro que se conoce. Pues según los entendidos en la materia absorbe un 99,96 por ciento de luz y los efectos que consigue en las obras en las que se utiliza son fascinantes y, sobre todo, desconcertantes. El negro más negro de todos los negros. De hecho, en la información se explica que el ojo humano no reconoce el tipo de sombras que produce este color tan negro, por lo que el cerebro no discierne lo que ven nuestros ojos. La periodista explica que si cubres una pieza arrugada de papel de aluminio con “Vantablack”, ésta se vería completamente plana. También como un agujero negro o un túnel del infierno al que poder lanzarte para desaparecer engullido por siempre jamás. Ca7wkGqUEAA2wDWPero dicho esto, la cuestión es que esta compra -imagino que millonaria aunque aún no se ha desvelado la cantidad que ha soltado el artista- abre un debate en la sociedad, en general, y en el mundo del arte, en particular. ¿Qué pasará ahora si a mi me da por pintar lo que sea y resulta que el color que me sale, fruto de mis experimentos con la paleta y los pinceles, es un negro oscurote, tan oscurote, que es idéntico a este pigmento? ¿Tendría que pagarle una pasta gansa al indio por ello? ¿Cómo podría yo demostrar en caso de que fuera así, y tuviera que rascarme el bolsillo, que esa tonalidad conseguida con mi inspiración, no es la que ha registrado Kapoor como suya? ¿Se puede comprar cualquier color? ¿Están todos los colores del universo en venta? ¿Tienen ya algún propietario? ¿Es ético? ¿No es el arte y la propia cultura algo universal? Muchas preguntas y, sin embargo, pocas respuestas. Si alguien puede ayudar… “La tierra no es de nadie, es del viento”, llegó a decir el ínclito Zapatero, en una mañana gloriosa y locuaz del que fuera nuestro presidente del Gobierno, no sabemos si tras haber consumido algún tipo de estupefaciente. Pero viendo que cualquier cosa es susceptible de poder comprarse en este mundo en el que vivimos y pensando en esta reflexión zapateril, yo me pregunto ahora si el viento es de alguien, si tiene precio o si puede comprarse. Y también que, de ser así, y si tuviera la pasta del indio y pongo la tela encima de le mesa, ¿me convertiría de facto en el dueño y señor de la tierra? Un lío.

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