Todavía caben más tontos

 

Hoy es el día de la mujer trabajadora. Mis felicitaciones a todas ellas. Ya sea las que trabajen fuera o en su casa haciendo las labores del hogar o cuidando a los hijos, que también es trabajo aunque se valore menos o no se valore nada según quién. Tener que celebrar este día significa que la sociedad aún no ha avanzado lo suficiente para conseguir la plena igualdad de derechos, obligaciones, salarios… entre hombres  y mujeres. Y justo es reconocerlo, puesto que es verdad, y sigue existiendo una discriminación brutal en muchos aspectos. Sin entrar en la lacra de la violencia machista, que cada año se cobra la vida decenas de mujeres en nuestro país, sonroja comprobar como aún hoy, en pleno siglo XXI, las mujeres ganan de media en torno a un 20 por ciento menos de sueldo que un hombre por el desempeño del mismo trabajo. O que solo el 26 por ciento de los puestos de dirección en empresas estén ocupados por mujeres, cuando, por otra parte, distintos estudios ponen de manifiesto que una empresa dirigida por una mujer suele ser más rentable. Sin entrar en ninguna consideración, son datos que están ahí, y son irrefutables. Aunque también es cierto que si nos comparamos con otros países de nuestro entorno, no salimos tan mal parados. Salvo en Italia, donde son el 29 por ciento, en Reino Unido apenas llega al 21 por ciento y, en la Alemania de Merkel, el porcentaje de féminas en puestos directivos es del 15 por ciento. “Mal de muchos, consuelo de tontos”, que iría el refranero.

Pero dicho esto, en Valencia ya han empezado a funcionar los denominados semáforos paritarios por la igualdad entre los hombres y las mujeres. El objetivo, según Giussepe Grezzi, concejal de Movilidad Sostenible del equipo municipal valenciano de Compromís, acabar con el hecho de que sea exclusivamente la figura masculina la que representa a la universalidad. Ojo al dato, que diría José María García. Las señales ahora llevan el icono de una fémina ataviada con falda y se sitúan sólo a uno de los lados de la calle, ya que en el opuesto se sigue manteniendo al hombrecillo habitual de toda la vida de Dios. Todo al cincuenta por cien. Paritario. Dicen que más de un valenciano y de algún guiri despistados no se han atrevido a cruzar aún por estos nuevos ingenios de la Humanidad porque han pensado que sólo lo pueden hacer las mujeres y los escoceses. Qué cosas.  Sé que me puedo estar metiendo en camisas de once varas y ya lo advierte el sabio refranero: “gato escaldado, del agua fría huye”.

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Pero no puedo contenerme, y digo yo, que ya puestos y metidos en faena,  pues que se podía haber dotado a la mujer de un poco más de estilo y glamour. En lugar de una falda simplona que no dice na de na, pues podrían aparecer las muñegotas vestidas de Versace o de “Caoulina Hegega“. Y con el pelo recogido a lo Audrey Hepburn. O con una melenaza, pantalones de pitillo o piratas y taconazos. Sería más divertido y nos pondría a la vanguardia de lo más chic. Tampoco entiendo que tenga que ser una falda la protagonista. La gran mayoría de las mujeres usan ya pantalones desde hace mucho tiempo y les quedan estupendos. Muchas tienen también el pelo corto y les queda de miedo. Y no por eso son “chicazos” como se decía antes. En eso creo que hemos evolucionado algo, pero en otras cosas…Y si no, a mi que me expliquen por qué en Barcelona, los homenajes a las mujeres se van a llamar ahora “donanatges”, que traducido al español sería algo así como “mujerajes”. Según he podido saber, en catalán homenaje se dice “homenatge” y “home” quiere decir hombre. Por ello, y para desligar de presunto machismo al lenguaje, pues la alcaldesa Colau ha sustituido el “home” por el “dona” dando como resultado “donanatge”. Y punto pelota. Clarito como el agua. Yo creo que nos hemos vuelto locos. Si para defender a la mujer y reivindicar sus derechos y la igualdad de sexos tenemos que cambiar los semáforos, inventarnos nombres para los homenajes y maltratar o pervertir el lenguaje diciendo miembras y no miembros, pienso que vamos mal o no muy bien encaminados. Pero es lo que hay. Ah, por cierto. Se me olvidaba la última, que es de traca. Compromís, el partido gobernante en Valencia y que ha obtenido cuatro diputados en la Cámara baja en estas últimas elecciones,  plantea cambiar el nombre del Congreso de los Diputados y dejarlo simplemente en Congreso. Así, a palo seco. Para demostrar una voluntad de cambio real en las institciones públicas. Pensé que en este país no cabían más tontos. Y caben, vaya que si caben.

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