Bésame

No se si será coincidiencia o no, pero mientras desayunaba esta mañana y encendía la televisión para ver como iba el percal político del día, y veía por enésima vez el apasionado beso o muerdo  entre los podemitas Pablo Iglesias y Javier Domenech, Xavi para los amigos, un encendido muac con el que nos deleitaban ayer en el Congreso en esa nueva política a la que nos tenemos que empezar a acostumbrar, me ha dado por conectarme a spotify para escuchar un poco de música de los 80 y 90 que me alegrara este día de descanso en el que me hallo. Y de forma aleatoria ha empezado a sonar “Sabor de amor”, de Danza Invisible. Un clásico de aquella inolvidable época, cuya letra en alguna de sus estrofas dice algo así como “boca de piñón, bésame con frenesí, besarte es como comer naranjas en agosto y uvas en abril, o como comer palomitas de maíz, o algo parecido. Y luego el estribillo: Labios de fresa sabor de amor, culpa de la fruta de la pasión… laralaralarala, y me ha hecho gracia, que le voy a hacer. Soy así, me hace gracia cualquier cosa. Veo a Chiquito de la Calzada o a Torrente, y me escojono sin que haga falta que digan nada. Pero será que los besos me persiguen hoy. Como cada día le he dado un par de ellos a mi mujer cuando se iba al trabajo y le daré otro par de ellos cuando la vea a la hora de comer. Cariño y cortesía matrimonial. Lo de ayer en el Congreso no se si es lo uno o lo otro. Puede que sea cariño parlamentario, cortesía institucional o bien puede que sea la confirmación pública de un apasionado romance que no sabemos aún hasta donde llegará o si quizás se consumará en el altar, civil por supuesto. Desconozco si ese beso les habrá sabido o supido a amor, a uvas en abril o a palomitas de maíz, pero cuidado que los besos son peligrosos y los carga el diablo. Y si no que se lo pregunten a Jesús con su buen amigo Judas.  Acabó en la cruz. Hay gente que le da más besos a su perro que a su familia o amigos. Ya lo dice el dicho, y valga la redundancia: “cuanto más conozco a las personas, más quiero mi perro”. Pero hay besos y besos. Tenemos los piquitos cómplices entre parejas, los besitos en la comisura de los labios entre amigos y amigas o personas que se acaban de conocer y que se atraen y buscan ese primer acercamiento. Y esos besos de película, pasionales y vigorosos, que duran eternamente, y que cuando los ves te dan ganas de achuchar al que tengas al lado o al primero que pase junto a ti. También están esos besitos que se dan los jugadores de fútbol en los cambios durante los partidos, que aún no entiendo; los besos de Nochevieja para desear un próspero año nuevo. O ese otro beso de los que ahogan, entre amantes que se comprometen demasiado el uno al otro, pese a saber que no hay ningún futuro en una relación envenenada.  El pedazo muerdo que se daban los líderes comunistas Erich Honecker, de Alemania Oriental, y Leónidas Breznev, de la extinta Unión Soviética, durante el 30 Aniversario de la República Democrática Alemana en Junio de 1979, que ha pasado a la historia once años antes de que cayera el muro de Berlín. Este sí, se me asemeja más al de ayer en el Congreso. Besos para dar y tomar. Será que estamos necesitados de amor. Ya lo cantaba Ana Belén, “besos, ternura, que derroche de amor, cuanta hermosura…”. O Pedro Infante: “bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez…”. Pues eso, haz el amor y no la guerra. Que el amor puede con todo. Y a besarnos todos, que el beso es cultura, y se conocen otras lenguas.

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