Desvaríos de un enfermo

LLevo tres días sin echarme un cigarro y estoy que me subo por las paredes. No lo estoy dejando, pero es que mi cuerpo no está para muchos trotes. Estoy un tanto de capa caída. Toses, dolor de tarro, mocos, estornudos… y todo eso. Y la espalda para los diarios. Pero al menos aún no me ha subido la fiebre, que suele ser la puntilla, así que me puedo dar con un canto en los dientes. Salgo a dos paquetes de clinex al día y el humo del tabaco no debería de ser la medicina que me haga superar estos males físicos que padezco, aunque a buen seguro los aliviaría moralmente al menos. Pero aguantaré, resistiré como cantarían el Dúo Dinámico, aunque no se hasta cuando. No prometo nada. Pero el caso es que esto me ha pasado por fanfarrón. La semana pasada fui a una consulta con mi médico de familia para unos análisis que me tenía que hacer y, a su pregunta de qué tal estaba, le dije, ufano y un tanto sobrado, que de maravilla. Y que este año no me había pillado ni un catarro. Pues toma. A mamarla, como diría el Ojeda.

Y todo esto me está ocurriendo a mi, ¡a mi! mientras seguimos sin Gobierno al término de otra jornada política, de nuevo pintoresca y delirante, y un tanto ruin.

Pintoresca, creo, por cuanto PSOE y Ciudadanos han llegado a un principio de acuerdo para un posible Gobierno del socialista Pedro Sánchez que, para no servir de nada porque no suman escaños y necesitan de la abstención del PP o de Podemos -que ya han dicho que nanai-, ha escocido más de lo que pensaba. Los del PP están moscas con el acercamiento de Rivera a Sánchez y porque empiezan a pensar que ellos lo podían haber hecho antes pero Rajoy no quiso. Los que han votado a Ciudadanos y que antes votaban al PP están moscas también porque no han dado su voto a Rivera para que gobierne un socialista. Los del puño y la rosa más radicales y las bases socialistas también están moscas porque prefieren juntarse con los podemitas y repetir un frente popular como en el 36. Y estos últimos, están que se suben por las paredes. O mejor dicho, están que se marchan de las mesas. Como le ha pasado a Errejón, al que igual habría que nombrarle persona non grata de la “table” (en inglés) de negociación de la izquierda por un gobierno reformista y progresista, por si en el futuro ésta se retoma. O tambiénle podían nombrar persona non grata para el socialismo, después de lo que ha salido por su boca. Una jornada delirante, pienso, porque estos políticos no le dirían la verdad ni al cura al confesarse mientras siguen pasando los días sin que sepamos realmente que carajo va ocurrir a partir del martes cuando arranque la investidura. Y ruin, digo, porque ya lo que nos faltaba para colgar el cuadro es que saliera una o uno -en este caso una y de Podemos en Aragón- comparando como que fuera lo mismo la muerte de la última mujer por violencia machista con el asesinato del concejal del PP en Ermua, Miguel Ángel Blanco, a manos de ETA. Un atentado que incendió España a finales de los años 90 y que supuso un antes y un después en la lucha contra el terrorismo etarra. Que no conflicto armado, como dicen ellos, ni movimiento político, como lo define Carmena. Un hecho que ha incendiado, una vez más, la ya de por sí quemada y abrasada red social Twitter, donde también se juntan los más pintorescos, delirantes y ruines personajes. Pero no me hagáis caso. Lo más probable es que con el día que llevo encima, estas líneas no sean más que los desvaríos de un enfermo que necesita llevarse a la boca un chester.

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