Yo, Sira

Os lo voy a contar todo

Me llaman Sira, o al menos ese nombre parece que es el que están pensando en ponerme mis padres, tras no muchas discusiones. Me gusta Sira. Proviene del latín Sirena y significa diosa de la noche, según les he oído estos días atrás. Tambien de la que procede de Siria, que no es el caso. Y del análisis por numerología, me acabo de enterar que seré de naturaleza emotiva, amable y condescendiente. También exigente y delicada. Defensora del buen criterio y amante del misterio. La justicia, la equidad, el equilibrio, el principio complementario, los acuerdos, las relaciones, la belleza, la cultura artística, la armonía, el refinamiento, el otoño, la diplomacia y los contratos estarán entre mis virtudes o defectos, como Libra que presumiblemente seré. Menuda pieza voy a estar hecha. Que se vayan preparando los machos.

Os doy la bienvenida a mi mundo. Sé que aún no he nacido, pero…

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Willy

Hoy me echado un nuevo amigo. Vecino mio para más señas. No sé como se llama, ni falta que hace. Tampoco hemos hablado, pero nos entendemos con la mirada. Me sorprende la suya. De frente. Directa y limpia. Sin esconder sus ojos ni pestañear. Impone respeto. Transmite calma, seguridad y control de la situación. Me gusta quedarme un rato mirándole y tratar de descifrar lo que pasa por su cabeza, sus pensamientos, ilusiones o retos, si los tuviera. Me pregunto si él pensará lo mismo de mi. Si cuando me observa me está retando o invitando a pasar a su hogar. Aunque, quizás, tan solo este pensando que quién es ese imbécil que se asoma por la ventana y rompe su monotonía y tranquilidad. Pero algo me dice que hemos conectado. Con solo una mirada ha bastado. A lo mejor yo también le impongo respeto y está esperando una orden mía, un gesto, una voz, un algo. Lo que sea, para poder actuar y ejecutar. Pero no me sale. Sólo me quedo mirándole como un bobo, esperando que sea él quien mueva primero la pieza del tablero en el que jugamos la partida.

Le he puesto Willy de nombre. Sé que no se llama así, pero a mi me sirve, y creo que a él también. Acabo de hacer la prueba, le he llamado y ha estirado las orejas. Luego ha salido de su caseta y se ha colocado bajo mi ventana a esperar no se qué. Me ha ladrado y después ha movido el rabo sin dejar de observarme. Dicen que cuando los perros lo hacen es que se ponen contentos. Y entonces le he guiñado un ojo, como agradecimiento. No sabía que otra cosa hacer. Willy es un perro de caza. Joven. Calculo que no llega al año. No entiendo mucho de razas caninas, pero su dueño es cazador, y Willy tiene pinta a de ser bueno en lo suyo. Apenas sale un rato cada día a estirar las piernas. Siempre por la tarde, cuando cae el sol. Llega su amo, le cambia los platos de comida y agua, y asea un poco la pequeña estancia mientras Willy sale a dar un paseo por los alrededores del barrio. Le gusta mucho porque se le oye correr y ladrar de un lado para otro sin parar. Es feliz en ese instante.

Y nos hemos hecho amigos. O eso creo. O eso quiero creer. No abundan últimamente las personas que te escuchan y te comprenden. Y Willy, aunque es un animal, lo hace. Sé que me sigue con su penetrante mirada desde la distancia que nos separa. Le delatan sus alargadas orejas que, como antenas de televisión, se le disparan hacia arriba en cuanto asomo la cabeza por la ventana para saber de él.

Escribo estas líneas a mano en un cuaderno. Le escuché un día al escritor Juan Manuel de Prada que es la mejor forma de escribir, porque las palabras y las emociones bullen y fluyen por si solas con papel y boli.

Willy acaba de salir de su caseta y está posando para mi. Sabe que estoy pensando en él. Y he decidido hacerle unas fotos y leerle lo que estoy escribiendo. Creo que le ha gustado. Ha levantado una de sus patas hacia mi posición como diciendo que está bien. Que da su visto bueno. Que no le importa que se lo cuente a todo el mundo. Y se ha dado la vuelta, despacio, ebrio de soledad también, para regresar a su humilde morada. Y después ha bebido un poco de agua, se ha tumbado y ha cerrado los ojos. “Adios, Willy, hasta mañana”, le he dicho, esta vez sí. Y le he dado las gracias.

Y mientras me despedía de mi nuevo amigo, he encendido un chester con mi viejo Zippo, y le he pegado otro sorbo al segundo café del día, ya frío, pero satisfecho, para disfrutar de la paz del momento. Y al darme la vuelta para marcharme, he escuchado una voz de alguien que me preguntaba, “A ti también te pasa, verdad?”. “Creo que sí”, he contestado, no sé muy bien a qué o a quién, mientras le daba la última calada al cigarro antes de apagarlo en el cenicero, cerrar la ventana y echar un último vistazo a la caseta para cerciorarme de que Willy dormía plácidamente.

Escucho Amigo, de Roberto Carlos, dedicada a Willy

Y Ebrios de soledad, del Gato Pérez, versionada por Moncho

El nombre

¿Que vas a ser padre? No me digas, enhorabuena. Muchas felicidades. ¿Y qué va a ser? ¡Una niña! ¡qué bien! Bueno, si hubiese sido un niño, bien también ¿no? ¿Y cómo se va a llamar? ¿Habéis decido ya el nombre? Que digo yo, que le pondréis uno normal, de los de toda la vida, no como esos que hay ahora tan modernos que no se sabe ni lo que significan. Porque hay algunos que, válgame Dios. Pobrecillos cuando vayan creciendo y se den cuenta. Si es que luego se ríen de ellos en el colegio, que los niños son muy malos. ¿Y cual va a ser su primer apellido, el tuyo o el de la madre? Ya sabéis que ahora se puede cambiar el orden sin que se altere el producto. ¿Y para cuándo sale de cuentas? ¿En octubre? Ah, bueno, estupendo, a la vez que la vendimia, jajaja. Vendrá con un buen vino bajo el brazo.  Tendrá buena barriga ya. Lo peor, el calor del verano, ¿Cómo lo lleva tu mujer? ¿Estará achicharrada? Menudo junio y julio hemos pasado. Imposible dormir.  Y agosto viene calentito también. ¿Y tus padres que tal, estarán muy contentos? ¿Son abuelos por vez primera? Ah, sí, no me acordaba, que tienes una sobrinita. ¿Estará grande ya, no? Menuda sorpresa se llevarían tus padres. Claro que a tu edad y la de tu mujer, y después de tantos años juntos y nada, y ahora de repente… ¿Lo estabais buscando? ¿Llevabais tiempo intentándolo? No me lo puedo creer, qué alegría, ya verás, os va a cambiar la vida. Ahora, eso sí, aprovecha para dormir y disfrutar lo que te queda, que después, ya verás, se os acabó el salir, noches en vela, el pediatra a todas horas, los gases, los lloros sin saber por qué… Pero es una aventura. Yo aún no he sido madre, pero no lo cambiaría por nada. Hay que alegría me das. ¿Se puede contar? Ya verás cuando se lo diga a todos. ¿Y cómo me has dicho que la vais a llamar? Es por ir tejiendo unos cojines con su nombre para regalároslos. ¿Para octubre me dijiste, verdad? Pues si no queda nada. La tenéis ahí encima ya. Me tendré que poner las pilas entonces. Bueno, bueno, menudo padrazo vas a ser. ¿Sabes que las niñas quieren más a su padre que a su madre? ¿Habréis comprado cosas para los primeros días?  ¿Tu mujer habrá dejado de fumar? Que mira que le gustaba el pitillo a todas horas.  ¿Y tú igual, no? Porque no te atreverás a echarte un cigarro delante de ella. Además, ¿no crees que ahora es el mejor momento para que lo dejes? Que ahora tienes que dejar de pensar en ti solamente. ¿Y no beberá nada de alcohol supongo? Tienes que cuidarla mucho y no la dejes tomar nada.

Hombre, pues ahora que lo pienso, Patricia no está nada mal. O Marta. Ana también me gusta mucho. ¿Qué te parece María, a secas. ¿Y Carla? Como la canción. ¿Mi hermana se llama Lourdes, y a mi me parece precioso ¿no crees? Aunque Paula y Lucíaa están muy de moda, y tienen su aquél. Tengo una amiga que acaba de dar a luz y la han puesto Daniela. ¿No te parece genial? ¡Ay madre! ¡Qué emoción! ¡Qué nervios! Si es que ya la estoy viendo correr. Como si me estuviera pasando a mi.

 

Pues anda agobiado

¡Houston, Houston!

 

Escucho Podría ser peor, de Guille Milkiway (La Casa azul)

Con dos cojones… y un palo

Con el riesgo y la imprudencia que tiene generalizar sobre cualquier asunto, creo que la gran mayoría de los hombres, y en especial los españoles, piensan -pensamos- que con tener los cojones bien puestos se puede encarar el día a día perfectamente. E incluso salir airoso de muchos trances que surgen sobre la marcha.

Me lo espetó un entrenador de fútbol que tuve en mis años mozos, poco antes de comenzar un partido. “Rodri, sal al campo y demuestra lo que sabes, pero con dos cojones”. Fue un choque feo, con fuerte viento y frío, que se jugó en un campo de los de antes, embarrado, tirando a pasto, de esos en los que un defensa que se precie debe limar sus tacos de alumnio en las botas para marcar terreno. El míster tuvo razón, ganamos 0-2, pero con dos cojones.

Le ocurrió a Pedro Sánchez, cuando fue expulsado del PSOE. “¿No hay cojones a presentarte otra vez para dirigir el partido?, le retó un socialista afín a Susana Díaz. Y el resultado, ya lo habéis visto.

El que les tiene bien gordos es el ministro Montoro. Sí, ese que está saqueando a la clase media de este país. “En 2019 bajaremos los impuestos”, ha dicho, contundente, al parecer sin darse cuenta que ese año se celebrarán elecciones…

Y qué decir de Sir Thomas Leadbeater respecto a lo que aconteció en la primavera pasada en su pequeño palacete de fin de semana, situado en el británico Condado de Nottinghamshire, junto a una colina densamente arbolada, especialmente de robles, y cercana al bosque de Sherwood. Ese mágico paraje en el que abundan los escarabajos y aletean con elegancia las mariposas, y en el que llegó a esconderse el mismísimo Robin Hood, el príncipe de los ladrones, el Cañamero de la Edad de Media, con sus secuaces.

Ocurrió que Lady Sarah, la esposa de Sir Thomas Leadbeater, decidió adelantar dos días su estancia en dichos aposentos campestres, con la excusa de acondicionar la casa ante la convenida cena de invitados de cierta enjundia que esperaban para el domingo.

Sir Thomas Leadbeater no quiso ser menos, y con el ánimo de sorprender a su amada, y por qué no, echar una mano en las tareas domésticas, decidió también llegar un día antes de lo previsto a Nottingham. Nada más girar la llave y empujar la magnífica puerta de madera de abedul de la entrada, el señor de la casa se encontró de bruces con su esposa. Pero no a una Lady Sarah cualquiera, ansiosa por el reencuentro con su marido, sino a una mujer en paños menores, de blanquecina piel y sudorosa, en pleno fornicio, haciendo lo que el gran Chiquito de la Calzada define como guarreridas españolas. Y nada más y nada menos que con su fiel jardinero, de origen gaditano, al que llaman Antonio de Entrerríos y Mosales, y apodan “El trabuco”, sobre el que cabalgaba, nada forzada, encima del magnífico sofá capitoné de estilo victoriano, auténtico protagonista de un soberbio salón, valorado en más de 30.000 libras. Y con Simmons y Garfunkel, los dos canes de la casa -un Border Collie, el primero, y un Yorkshire Terrier, algo ladrador y muy pesado, el segundo-, como testigos de excepción de la corrida.

 

Un joven, el tal Entrerríos, de pelo rizado y tez ligeramente oscura, de buenos modales y exquisito trato, además de culto y bien dotado junto a las ingles -de donde le viene el mote-, por cuanto de la entrepierna sobresale un manubrio consistente, apto para el taladro, que el impetuoso jerezano utilizaba en el preciso instante en el que Sir Thomas Leadbeater abría la puerta de su mansión, para horadar con prestancia y puntería milimétrica a su añorada esposa. Y todo ello, sin importarle mucho a “El trabuco” -por no decir nada-, el poco futuro laboral que se le avecinaba en esa familia de postín para la que trabajaba desde hacía una docena de años por unas miserables mil doscientas cincuenta y cinco libras con ocho centavos al mes, si su amo llegaba a enterarse de su affaire con Lady Sarah.

Como así pasó, pues se veía venir, pero con dos cojones, y un palo, que diría aquél.

El señor de la casa no quiso ser menos y dió carpetazo al asunto con su habitual flema inglesa y de la siguiente guisa: “Cariño, si no te importa, cuando os soltéis, sería conveniente que Antonio regara también los gladiolos del jardín, que también necesitan de su amor y delicada atención, que para eso le pagamos religiosamente. Y, por cierto, Antoñito, este mes te reduciré el sueldo a 950 libras, que el resto, como según parece, ya se te paga en especie”.

Y se marchó a jugar al críquet.

Con dos cojones

 

Feliz verano

que el mio empieza mañana

Os dejo “Condena de amor”, temazo de Radio Futura

y la versión que hicieron Ariel Rot y Jaime Urrutia

 

 

 

 

 

¡Ayudadnos a difundirlo! Urge ayuda por crisis de cólera en Yemen. (por Textos Solidarios)

El Destrio

Queridos amigos y colaboradores del proyecto Textos Solidarios:

Desde Médicos sin Fronteras han contactado con nosotros, de la misma forma que están contactando con otras personas e instituciones que colaboran con ellos con una iniciativa solidaria, para recabar nuestra colaboración en difundir su petición de ayuda para la crisis que esta causando una epidemia de Cólera en Yemen. En el enlace anterior tenéis varias noticias actualizadas con toda la información, y a continuación difundimos un vídeo de MsF sobre el tema:

El conjunto de personas y voluntades que forman parte de nuestro proyecto puede tener una utilidad además de publicar nuestro libro “El mundo en tus manos”. A través del grupo que formamos, unidos por nuestro interés en ayudar a los demás, podemos conseguir que esta petición de ayuda llegue a mucha gente: a todos quienes siguen nuestros blogs y redes, y a quienes nos…

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Orgulloso

No me está resultando fácil ponerme hoy delante del teclado. Quiero escribir muchas cosas, pero a la vez no sé por dónde empezar. Me apetece dar la nota como cada viernes, pero tampoco me sale. Lo cierto es que estoy un poco triste, aunque orgulloso también. Sentimientos encontrados, como la vida misma. Y es que […]

Ministérico

Escuché esta semana a una locutora de radio señalar, con orgullo, que desde hace casi tres años se reconoce ministérica. Lo primero que pensé al oírla, es que se considera una histérica, pero en pequeño. O sea, que me imaginé a una persona de baja estatura durante todo el día de acá para allá en una constante e intensa excitación.

Pero no.

Al poco caí en la cuenta de que lo que pretendía decir la periodista en cuestión es que se considera una superfan de  El ministerio del tiempo, esa exitosa serie de los hermanos Pablo y Javier Olivares que ha vuelto a las pantallas de La 1 en su tercera temporada.

He oído muchas veces hablar muy bien de ella, pero por unas cosas o por otras no había visto aún ningún capítulo. Hasta el pasado jueves, donde, expectante y tumbadazo en el sofá, me tragué el primero de la nueva andadura, así como otros dos más que repusieron del inicio de la serie. Total, que me dieron las tantas. Pero lo pasé de mimo,  y aunque al día siguiente casi me se pegan las sábanas, que diría aquél, mereció la pena.

Impagable el pasaje en el que un funcionario del tiempo que vive y trabaja en 1808, en plena Guerra de Independencia contra los franceses, recibe una carta del ministerio, del Montoro de hace 200 años, en la que le comunican al empleado público que este año se queda sin paga extra de Navidad.

Absurdo pero a la vez genial.

Tiene buenos puntazos la serie.

Así que nada, que con solo tres capítulos ya me considero un ministérico más, ese grupo cada vez más numeroso que cuenta con hastag y todo en twitter.

 

Y es que tiene que ser una gozada atravesar una simple puerta de madera y aparecer así como si nada en cualquier momento y lugar que desees -ataviado eso sí con la indumentaria de la época a la que vayas, porque si no ya me dirás…- y poder revivir alguno de los acontecimientos históricos y que sabemos que ocurrieron porque así lo dicen los libros.

Quien más y quien menos  ha soñado alguna vez en su vida que viajaba a través del tiempo, ya sea en una máquina de aquellas con las que se ilusionaban en el victoriano siglo XIX o más recientemente en el mítico DeLorean junto a Michael J. Fox,  para tener la oportunidad cambiar las cosas antes de regresar al futuro. O quizás solo para disfrutar de un momento único y ¿por qué no? quedarte allí y no volver.

¿Os imagináis abrir la puerta número 54 del Ministerio del Tiempo, con bigote y patillas, pantalones de campana marcando paquete y camisa ajustada de colores, y aparecer al otro lado, en plena década de los 70 del pasado siglo, en el mítico programa estaodunidense Soul Train, dando caña y bailando el You should be dancing de los Bee Gees a lo John Travolta?

 

Yo sí. Más de una y dos veces.

No cambiaría el designio de la historia, pero a buen seguro que me lo iba a pasar pipa.

Y lo mismo hasta no vuelvo.

Bueno sí. Que luego seguro que os echo de menos

Así que nada Rajoy, toma nota, y mira ver si se pueden ampliar las carteras ministeriales

Feliz día

 

 

 


Cansinos

Mañana se celebra la final de la Copa de Su Majestad el Rey de fútbol. Barcelonistas y alavesistas se disputan el trofeo más antiguo de España -más que la Liga-, aunque muchos consideren su conquista sólo un chupito. Y muy a mi pesar, y como casi cada año en lo que llevamos de este siglo, […]